... en el que casi todo me resultaba familiar.
Era un entorno cálido, hacía frío fuera. Sentado en un comedor con una abundante comida caliente y acompañado con algunos compañeros, y una pareja. Era rubia, no recuerdo su cara, ni tampoco el porque era rubia, siempre me han gustado más las morenas. Me agarraba la mano fuertemente bajo la mesa y en ese momento no comprendía muy bien el porque.
Todo parecía normal, dentro de lo que cabe ver otra vida desde mis ojos. Recuerdo haber terminado el banquete y salir por una puerta de madera, despedirme de mi acompañante mientras mis compañeros hacían lo propio con las suyas. Bajar unas escaleras de madera, recoger un fusil de la pared y salir por un portón. Todo comenzó a tomar forma, el porque estaba ahí y el porque vestía un uniforme verde oliva.
Un vacío temporal me llevó a una trinchera, cavada en la tierra y reforzada con planchas de madera astilladas, disparos, y ruido, mucho ruido. Ver a los mismos compañeros con los que había estado cenando no se cuanto tiempo antes caer a mi lado, asomar la cabeza y disparar, no se a que, ni a quien, solo habían luces y destellos.
Despertarme de repente en mi habitación, entre el tiroteo, y recordarlo todo claro, muy claro. Aclararme la cara pensando que la vida de los sueños es mejor que la mía y dudar a la vez, si eso no fue alguna vez mi vida mientras pienso: "Joder, porque no podré quedarme allí."
Tuve ganas de escribir, hacía tiempo que no me relajaba escribir una entrada. Curiosamente, desde que me levanté, han pasado unas 15 horas y a mi me han parecido treinta minutos.

1 comentario:
Ay, las rubias.
Yo, sin embargo, prefiero vivir tranquila. No me gustaría que la persona a la que cojo de la mano se fuese por ahí a vivir o morir.
Pero ya sabes, todos estamos un poco locos.
Y ya llegará.
Publicar un comentario