"And I just can't keep living this way
So starting today, I'm breaking out of this cage
I'm standing up, Imma face my demons
I'm manning up, Imma hold my ground
I've had enough, now I'm so fed up
Time to put my life back together right now"
Esta debería haber sido una de las primeras entradas, pero nunca es demasiado tarde. El momento en el que abrí los ojos, vi mi situación, y no me gustó. Cuando en el que decidí que era el momento y el lugar para dejar atrás la, hasta el momento, peor época de mi vida para empezar a vivirla como yo quería, bajo mis propias reglas.
Nunca es demasiado tarde para darse cuenta de los errores, nunca es demasiado tarde para solucionarlos e intentar cambiar aquello que no te gusta. Pero intentarlo nunca es suficiente, tan solo es el comienzo. Nadie intentó cambiar nada sin estar convencido de que podía hacerlo. Hasta la tarea más complicada ha de empezar con ese intento, ese primer paso, pero después del uno, viene el dos.
Luchar por el cambio es necesario, ¿de que sirve intentar algo sin ponerle todas las ganas? Para nada.
Ganas, fuerza de voluntad, valentía, empeño, como quieras llamarlo, yo lo llamo "lucha". La lucha personal en la que todos nos vemos involucrados sin quererlo. La batalla por mantener el timón firme de tu propia existencia, el sujetar la dirección hacia tus propias decisiones y pretensiones, es demasiado fácil dejarse llevar por la corriente que nos rodea, dejar que el barco de tumbos de un lado a otro, todo es más fácil así.
Pero ¿quien dijo que nos gustan las cosas fáciles? Los retos, las metas y los obstáculos son lo que merece la pena, los contratiempos y las dificultades para conseguir lo que quieres, con ello el resultado final es mucho más placentero. Ser el único corredor en una carrera y quedar primero no tiene ningún mérito, superar las zancadillas y los malos recodos hacen que al final, merezca el esfuerzo.
La mochila en la espalda, el peso de toda una mala vida pasada es la carga que deberé soportar mucho tiempo, pero poco a poco, los hombros se acostumbran al peso, ya apenas la noto.
Sin miedo, sin descanso, sin importar los contratiempos, frío o calor, seguiré caminando.
Y cuando necesito recordar, echo mano a mi cartera, cojo una nota y la leo varias veces. Prometo que algún día se la dejaré leer a alguien que merezca compartir mi carga. Hasta entonces el peso es mío.