domingo, 4 de septiembre de 2011

Civil II

Esta noche mi pierna se mueve sola, arriba y abajo aumentando el ritmo constantemente para luego pararse unos segundos, y volver a empezar, la buena noticia, es que el dedo ya no me duele tanto.

He hecho la maleta, pensaba llevarme menos cosas, pero siempre llevas ese "por si acaso" que acaba ocupando un poquito más de hueco, las gafas, las pastillas, algunos utensilios médicos, las zapatillas de correr, una muda civil para los ratos fuera de la base, el cargador del móvil, el tabaco, mechero, libreta y boli, y un sin fin de cosas más que tarde o temprano necesitaré, mejor ir preparado.

A cada minuto que pasa todo parece ir más rápido, es curioso, que durante todo este tiempo no he querido más que alejarme de este lugar, de este modo de vida que poco a poco me estaba matando, y en sus últimos momentos me está costando mucho más de lo que esperaba, realmente no me cuesta despedirme de esta rutina insípida, ni de mi afición a los juegos, ni de mis amigos y conocidos, porque tarde o temprano los volveré a ver por Madrid, la familia en cambio es otra cosa. Nunca he estado demasiado unido a ellos, he ido por libre y me he saltado todas las comidas y celebraciones que he podido, nunca han sido de mi agrado, ahora en cambio aprovecho cada segundo en este último día junto a ellos, algunos ya han llorado como despedida, yo no, hace años que no lloro por una despedida.

Siento escalofríos por la espalda que suben y suben hasta el cuello y me hacen mirar una y otra vez el reloj, cada minuto que pasa me acerco más y más a un final y un principio, algo que sabía que llegaría, nunca perdí la esperanza pero que de nuevo, se me hace jodidamente difícil.

Y jodidamente rápido.

Civil I

Hoy es mi penúltima noche como civil, la próxima vez que me duerma y me despierte, será como militar, para conmemorarlo, se me ha escapado la navaja y me he hecho un tajo bien profundo en el dedo índice de la mano izquierda, por la profundidad y la sangre, supongo que le hará compañía a la cicatriz del pulgar de la mano derecha de hace un par de semanas, ahora me cuesta horrores escribir, pero tenía ganas y la necesidad de plasmarlo en algún lugar.

Mañana será una de las últimas veces que pueda levantarme y hacer lo que me apetezca sin temor a consecuencias (aunque nunca lo haya tenido), será el último día en que considere Tarragona como mi hogar, aunque nunca lo he sentido, hace tiempo que quiero marcharme de aquí, y el Lunes por fin, empiezo de nuevo, por mi cuenta, lejos de todo lo que conozco. Tengo miedo, para que negar lo lógico, preocupante sería el no tenerlo, los cambios asustan, es parte de nuestra naturaleza, cuando estamos acostumbrados a repetir lo mismo una y otra vez.

Acabo de ver la hora, 0:01, definitivamente, este es mi último día como civil, libre de preocupaciones, de fondo acompaña una vieja canción de Black Sabbath de 1975, aleatoria del reproductor. Cierro los ojos e imagino todo lo que me queda por delante, estos dos meses y los años que le siguen, la gente que me queda por conocer, y todos aquellos a los que ya conozco y me están esperando, desde los amigos de Madrid, con los que voy a poder compartir copas prácticamente todos los días, aquellos de Sevilla a los que hace mucho que no veo y a los que conoceré mañana mismo, los del norte, que les guste o no el camino que he tomado lo han respetado, me han animado y me han felicitado, solo puedo darle las gracias por sentir que están allí aunque no los vea, con la esperanza de ir a verlos de nuevo y tomarme un par de cacharros. Y la promesa, seguro que te acuerdas de ella, te dije hace tiempo que no me gusta hacer promesas por miedo a romperlas, por eso cuando las hago son auténticas, para siempre o hasta que se cumplen, y esa promesa es la única que tengo en pie y no pienso romperla, tu has ampliado tu vida, has cambiado tanto desde el primer día que hasta me asusto, pero siempre, siempre para mejor.

No es una despedida, pienso escribir algo antes de marcharme, no se cuando volveré a hacerlo por la poca disponibilidad, aunque tampoco es que haya sido demasiado asiduo últimamente siempre me reconfortaba saber que podría escribir cuando quisiera aquello que se me pasara por la cabeza, ya fuera algo triste por mi estado de ánimo, algo feliz como haber aprobado, alguna gilipollez que se me ocurriera a última hora o algo personal como una carta de a otra persona, aunque la necesitara más para mi mismo.

Cuatro de Septiembre, el último día de mi vida.

PD: Este jodido dedo me va a matar mientras tardo 30 minutos en escribir una entrada tan simple.