Y pasaron los días, sin respuesta, mentira, el silencio de por si es una respuesta.
Rodeado de océano, sin un barco, sin una boya, sin una costa a la que mirar ya no sabe que hacer.
Nadar hacia una dirección esperando encontrar algo.
Quedarse quieto y esperar alguna señal.
Dejarse arrastrar al fondo y olvidarlo todo.
El naufrago siguió dando vueltas sobre si mismo sin saber que hacer.
Un año más.

1 comentario:
A mí me encanta el agua.
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