Se planta ante el espejo y se refleja, observa pacientemente hasta que le asalta todo a la vez.
Sus ex-compañeros parecen llevar una vida memorable, algunos se encuentran en Londres, ejerciendo de profesores, otros de prácticas, en Milán y otros parece que simplemente llevan su vida como ellos quieren.
Él se mira al espejo y se da asco. Por lo que ve. Por lo que siente. Por lo que vive. Por lo que no vive.
Se vuelve a la habitación, deja la música puesta, se sumerge en las sábanas y llora, como el crío que nunca dejó de ser.
1 comentario:
Una vez conocí a un tipo que decía que jamás se miraba al espejo.
Quizás sería lo mejor.
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