Una bomba. Eso es lo que era. Una bomba de relojería con un temporizador invisible que tarde o temprano explotaría, cargado de sentimientos y recuerdos, en lugar de pólvora y clavos.
Exploté una vez, y volví a cargarme poco a poco. Con ayuda esta vez arranqué la mecha con los dedos y soplé, soplé muy fuerte.
Me siento descargado y desarmado, pero más fuerte que nunca.
Seguiré cargandome, una y otra vez. Ahora cuento con ayuda para desarmarme y que no vuelva a pasar por la situación de hace algo más de dos años.
Oigo el tic tac intermitente, pero ahora el latir de un corazón renovado oculta su sonido.

1 comentario:
Cuando soplas y apagas la llama...
¿Recordaste pedir un deseo?
;)
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